He tenido que parir algunas flores
con oficio maternal tras tu partida,
preservarte del olvido con mis alas,
con la angustia de otras alas compartidas.
He buscado en tus cuadernos las señales
que marcaron de antemano mi destino.
Y he llorado por la suerte de tu anhelo
y he tomado como propio tu camino.
Hijo mÃo, yo he nacido imprevisible
en el tiempo acribillado de tus ansias.
Como madre soy tu hija, tu simienteÂ…
Yo he nacido de la lucha y la constancia.
Y aprendà definitiva a comprenderme,
a saberme necesaria, ineludible
y a quitarle a cada intento de la muerte
otros hijos, con mi grito imprescindible.
He tenido que parirte en la tormenta,
protegerte de las balas y del agua.
Aprendiendo a caminar haciendo surcos
en la ronda silenciosa de la fragua.
Y en los márgenes precisos de mis horas,
no he dejado de nombrarte un solo dÃa.
Y he trazado tu poema en mi pañuelo
y en las plazas que me quedan todavÃa.