MartÃn Bossi nació el 16 de Octubre de 1974, en Lomas de Zamora, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Desde chico mostró un claro interés por dos grandes pasiones, el deporte y la actuación. Jugó competitivamente al tenis hasta los 19 años, al punto de llegar a transformarse casi en un tenista profesional. Sus allegados cuentan que su historial de juveniles incluye triunfos ante grandes tenistas de la actualidad, entre ellos Guillermo Cañas. Luego, se desempeñó como profesor de tenis por seis años más.
El don de la actuación asomaba en infinidad de ocasiones. Muchas veces se expresaba como la innata habilidad para copiar y caricaturizar gestos, voces y actitudes corporales de diferentes personas que cruzaban por su vida. Cuentan sus amistades, que las fiestas entre amigos se transformaban en un auténtico auditorio que se sacudÃa al ritmo de sus imitaciones y monólogos humorÃsticos. Ya comenzaba a transitar por el centro de escena.
Su padre, inmigrante italiano, siempre soñó con que su hijo fuera “un profesional”. “MartÃn debes estudiar en la facultad si querés llegar a ser alguien en la vida”. MartÃn tomarÃa muy en serio parte de este anhelo, ‘Voy a ser ProfesionalÂ’, aunque en otras disciplinas, fuera del ámbito académico.
MartÃn continuaba su camino trabajando como profesor de tenis y cursando la carrera de Comunicación Social en la Universidad de Lomas de Zamora.
Gracias a que su trabajo le permitÃa tener flexibilidad horaria, comenzó a realizar ensayos musicales semanales acompañado por un amigo de la infancia, hoy su manager, en los que imitaba a grandes artistas de la música. De ésta manera, a sus 20 años, comenzaba su carrera artÃstica.
Pronto llegaron momentos difÃciles. La desaparición prematura de su padre fue un momento de quiebre, un momento de replanteos. Entre ellos se destaca la decisión abandonar la facultad para dedicarse de pleno a desarrollar lo que siempre estuvo palpitando en su interior, una carrera actoral.
En el año 2000, logra egresar diplomado de la escuela de teatro de reconocido actor VÃctor Laplace. El arduo camino recién comenzabaÂ…