En el universo esttico de Raúl Carnota lo que para otros podría ser apenas una travesura, conlleva el riesgo de transformarse en arte. Así ha sido y, parece, continuará sucedindose en el andar de este músico y compositor que, además es recreador permanente de obras propias y ajenas.
Como para poder cumplir con este mandato donde deseo, búsqueda y audacia son motores siempre prendidos, nace el Proyecto Sanluca Trío que lo une a dos creadores de fuste como lo son Rodolfo Sánchez y Franco Luciani.
El percusionista Rodolfo Sánchez es un viejo conocido que desde 1979 demostró cómo es capaz de dotar de tildes, silencios y contrapuntos la indómita musicalidad presente en los diferentes planos de la obra de Carnota.
Y el impactante armonicista Franco Luciani, un joven artista rosarino que irrumpe como heredero natural de Hugo Díaz, se integra desde la fuerza de una aparición que como eco del tránsito de Carnota por la música popular argentina, es, al mismo tiempo, continuidad y ruptura de un legado a cuidar y a transformar.
La guitarra y la voz de Carnota, los parches, los metales y las maderas en las sabias manos de Sánchez y el arsenal de vientos que Luciani porta en una armónica capaz del vuelo, el filo y el rezongo, constituyen el Proyecto Sanluca Trío que ya despunta como inquietante amenaza para lo previsible en la música.
Carnota, nacido el 30 de octubre de 1947, da con esta apuesta un nuevo salto que si bien reafirma un andar que consta de una decena de imprescindibles discos solistas (entre los que descuellan âMemoria adentroâ, âEsencia de puebloâ, âContrafuegoâ, âReciclónâ, âFin de sigloâ y el doble âEspejosâ, por citar sólo un puñado), no deja de avivar la certeza que se está en presencia de un artista vivo y permanentemente inquieto.
Desde sus inicios en 1972 como acompañante del santiagueño Alfredo Abalos en el espectáculo âEl piano en sus tres dimensionesâ que sumó a Horacio Salgan y Enrique âMonoâ Villegas, Carnota protagonizó un derrotero propio que supo nutrirse de diversos compañeros de ruta para armar un trazado imposible de soslayar para explicar la proyección de las formas folclóricas, para vislumbrar la riqueza de la propio, para comprender la necesidad del diálogo con otras expresiones.