Enredándome en las fugas
y su largo cautiverio,
va la muerte en el bolsillo
anticipando recuerdos...
Torvo maestro de baile
que será mi carcelero,
clausurando con su llave
la cerradura del pecho.
¡Muerte de rostro temprano,
destraba mi soledad!
¡Canto de cisne en la bruma,
rompiente de la orfandad!
Me ahorrará las preguntas
por su respuesta final;
descifrando mi estribillo,
cristalizando en la sal...
Los juglares de la infancia
esta vez van a llorar
porque del cuento perdido
solo yo sabré el final...