Mis prójimos van cumpliendo
una oscura profesía,
lo que menos le preocupa
es lo que más los fatiga.
Y distraen los aciertos
y equivocan el torneo.
Tanto infierno acumulado,
tantos dioses contrapuestos.
Guerreros sin estirpe, generosa,
dejan sus muertos solos, de costado,
con un ojo llorando sobre el otro,
lavando su apariencia de soldado.
Sugerentes heraldos del futuro,
pequeños aquelarres por cabeza
en su forma marchita y deshojada,
la araña teje sus destinos de abeja,
la araña teje su destinos de abeja...